Conferencia JuventudVideos Conferencias

La realidad es la materia prima del político


Reflexión del Dr. Luis Alberto Lacalle de Herrera en la VI Conferencia de Juventud de las Américas
Expresidente de la República Oriental del Uruguay (1990-1995)

🎥 Video | Reflexión de Luis Alberto Lacalle de Herrera

Compartimos la intervención completa del Dr. Luis Alberto Lacalle de Herrera durante la VI Conferencia de Juventud de las Américas.

Hay países que van emigrando hacia la forma liberal, democrática, de gobierno y de ejercicio de los derechos políticos. Así que nos tiene que alegrar mucho el rumbo que está tomando en distintos países nuestra querida profesión de la opinión pública y de gobernar o participar, por lo menos, en el gobierno de los países.

A mí me gustaría enfocarme en algo que lo he estado pensando estos días, porque el hecho de la participación política en el tiempo en que estamos, de una enorme difusión de los medios electrónicos de comunicación, todas las páginas, los influencers, es decir, todo ese nuevo mundo digital, todo ese nuevo mundo de la comunicación inmediata ha atraído mucha gente joven y es muy bueno, pero me parece que tenemos que distinguir lo que es la participación en la opinión, la eventual discusión a través de estos medios, con la participación concreta en los distintos países de la gente en la toma de decisiones, es decir, la vida política concreta.

Sin lugar a duda es muy atractivo instalarse frente a la computadora y hacer llegar mensajes, discutir, controvertir, apoyar, porque la inmediatez lo vuelve muy atractivo. Es, sin lugar a duda, muy típico de nuestro tiempo que las cosas se hagan rápido, enseguida, y cumple una función importante de difusión esa tarea en la que mucha gente joven está empeñada, y me alegro mucho de que usen estas nuevas tecnologías para los fines políticos. Pero tenemos que recordar que el sistema democrático que está avanzando en nuestro continente, que se está abriendo camino en países que antes estaban cerrados o que tenían poco respeto por la participación política y eso nos tiene que alegrar muchísimo, pero en cada uno de nuestros países, de acuerdo con la organización de los partidos, a la manera de votar, a la oportunidad de votar, hay que acordarse de que la difusión a través de las redes es una parte de nuestra responsabilidad. La otra es incorporarse al sistema.

Es decir, yo puedo mandar mensajes, recibir mensajes, difundir consignas a través de los medios tecnológicos. Eso crea opinión, crea ambiente, puede generar adhesiones, genera discusiones, pero esto es periférico al sistema concreto de gobierno. Para actuar en la vida política, de acuerdo con la Constitución de cada país, tenemos que entrar dentro del sistema. Y el sistema es muy distinto en cuanto a su ejercicio y en cuanto a sus resultados.

Yo puedo poner 140 caracteres y tener una respuesta inmediata, una difusión inmediata, pero en la vida política tengo que estar dentro de un partido, formar un partido, atenerme a las reglas de ese partido, conocer el calendario, porque no hay un efecto inmediato. Hay que esperar que llegue el momento de la elección o de cualquier otra convocatoria democrática para ahí participar. Y no hay que asustarse con la diferencia, porque realmente hay un abismo entre lo que son las redes y lo que es la más lenta pero constitucionalmente indicada vía de incidir en los gobiernos.

Muchas veces hemos dicho en otras conferencias que, para participar, a nuestro juicio, una de las condiciones indispensables es conocer la realidad dentro de la cual se va a actuar, es decir, meterse en la realidad. Cada país tiene su propia realidad, pero hay un método de acercarse a esa realidad que puede ser aplicable a cualquiera de los países.

Es decir, participar en la vida política mediante el voto implica acercarse a la realidad, conocerla, interpretarla y luego hacer las propuestas en busca del apoyo con el cual se puede acceder a posiciones de gobierno, a posiciones en el parlamento, en los gobiernos locales, en la presidencia de la República, pero en una tarea que debe tener mucha paciencia y mucha constancia.

Esa realidad es la materia prima del político. El que se quede con la teoría, por buena que sea, el que esté en conocimiento de las bases filosóficas del sistema democrático y aún del sistema político de su país, tiene una mitad de lo que hace falta. La otra es conocer la realidad. ¿Por qué? Porque el sufragio, el voto, se obtiene mediante propuestas.

No estoy hablando de planes de gobierno completos. Estoy hablando de que cualquier muchacho, cualquier chica de nuestro continente se dirija a una parte de su país, a una ciudad, a un lugar en el campo, y ahí tiene que escuchar y luego interpretar lo que ha escuchado, porque la gente, por supuesto, lo que quiere es mejor empleo, mejor sueldo, mejor salud, mejor educación, orden, seguridad. Son metas muy compartidas, todos queremos eso. Luego está el gran desafío de la vida política, que no es el qué queremos, sino el cómo hacerlo realidad.

Y ahí está la necesidad de paciencia, de tolerancia y también de habilidad para conectarse y luego repetir en los ámbitos que corresponda lo que uno propone para modificar, para mejor, esa realidad.

Yo considero que la acción política es de las más nobles a las que se pueda dedicar uno, pero en tanto cuanto uno sea responsable. No es la libertad, como vulgarmente se dice. Los políticos vienen, proponen, muestran un mundo perfecto. No, no estamos en ese tren de la caricatura de la vida política. Estamos en el campo de decir lo posible. Lo posible es la otra dimensión del poder político, lo real.

Lo posible es hacer esto, y créanme que el que escuche las propuestas posibles va a saber distinguirlas de las imposibles o imaginativas de quienes proponen que van a arreglar todos los problemas del país. El proponer cosas que la gente pueda advertir como realizables va a lograr una adhesión mucho más sólida que la mentira o la propaganda excesiva en cuanto a las posibilidades que tiene cada uno de los que pretende ser votado.

Y esto es válido desde las candidaturas a presidente hasta el escalón más pequeño de participación. Puede ser en el gobierno municipal, en el gobierno provincial o en las propuestas nacionales. A la gente joven le está indicado un camino. Hay un escalafón político al cual hay que someterse, integrarse esperando ascender, por supuesto, pero se va a ascender en la medida de que el que los escuche diga: este conoce los problemas. Esta chica, este muchacho han estado en nuestras escuelas, en nuestras fábricas, en nuestros campos, y saben lo que ocurre y lo que proponen es verdadero, es posible.

El imposible es lindísimo, pero es mentira. Y la mentira es la que degrada el sistema democrático.

Así que me parece que este grado de distinguir lo que es la fantástica vida de las redes, donde uno en minutos conoció propuestas, conversó, participó, discutió, pero eso no tiene incidencia en la vida del poder, es fundamental. Una cosa es eso y otra es estar en una posición en la cual uno puede cambiar la realidad, puede incidir en la realidad para mejorarla, y esa incidencia tiene que estar presidida por conocimiento, por prudencia en las propuestas, por tolerancia hacia otras propuestas, pero dentro del esquema constitucional de cada país.

Yo invito a participar en las redes, discutir, difundir, porque es muy importante la difusión, pero luego ir al sistema constitucional de cada país, porque si no seríamos meros opinadores, como si estuviéramos en un café, mostrando nuestras ideas. Pero si no las trasladamos al sistema de obtener el poder para luego llevarlas a cabo, nos quedamos con la mitad del camino.

Hay que analizar cuándo hay una elección, cuándo hay una convocatoria, sea municipal o nacional, y luego en qué corriente, en qué partido. Seguramente ningún partido va a ser exactamente lo que uno quiere, pero aquel que más se acerque a sus ideas, introducirse en el sistema y dentro de él obtener el apoyo popular, que es la base de la vida política sana y democrática.

Hay muchas organizaciones que inciden en la vida pública: sindicatos, asociaciones patronales, religiones. Son nucleamientos muy dignos, muy sanos, pero hay un solo campo que transforma la realidad: el campo político. ¿Por qué? Porque los organismos políticos pueden aprobar normas, reglas, leyes, reglamentos que son de cumplimiento obligatorio.


Esta reflexión forma parte de la VI Conferencia de Juventud de las Américas.

La grabación completa del evento puede verse en el siguiente enlace:

🔗 Conferencia completa:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *