¿Dos economías o dos dimensiones humanas?
Autor: Juan Pedro Arocena.1
Juan Pedro Arocena examina la aparente contradicción entre el interés propio que impulsa la economía de mercado y el mandato cristiano de la caridad, para preguntarse si representan modelos económicos opuestos o dimensiones diferentes de la experiencia humana.

No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés
Adam Smith: “La riqueza de las naciones”

Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme
Mateo 19:21
Interés propio y virtud moral
Ambas citas expresan valores de nuestra civilización occidental contemporánea que es capitalista y, a la vez, fundacionalmente cristiana. Siguiendo el pensamiento de Alberto Benegas Lynch, el presidente Javier Milei ha afirmado que los empresarios son verdaderos benefactores sociales porque producen lo que el prójimo necesita. Tal sentencia va en el mismo sentido del pensamiento de Adam Smith por el que si nuestra cena estará servida esta noche, ello se debe al interés personal y legítimo (también egoísta) de empresarios capitalistas y no a su virtud.
En un primer análisis la optimización del funcionamiento macroeconómico capitalista parece darse de bruces con el mandato evangélico, que es también un mandato de conducta para los cristianos y que, por lo tanto, afecta a la mayoría de los agentes económicos de Occidente, una cultura gestada por la moral cristiana. Para muchos cristianos la conducta solo cuenta como moralmente virtuosa si va contra el interés de quien la ejecuta. Es el sacrificio entendido como sello de autenticidad moral. Lo que no me cuesta, no vale; lo que me beneficia, queda bajo sospecha. La filosofía kantiana lo fundamenta. Para Kant una acción solo tiene valor moral genuino si se hace por deber, no por inclinación; si ayudo al prójimo porque disfruto haciéndolo, mi acto es amable pero carece de mérito moral propiamente dicho. El mérito aparece cuando el deber contraría lo que me gustaría hacer. Bueno es anotar sin embargo que para Santo Tomás de Aquino no es tan así ya que su pensamiento subordina el sacrificio a la bondad intrínseca de la caridad: “magnitudo virtutis magis attenditur secundum bonum quam secundum difficile”.
De todas maneras quedan planteados los dos polos de esta contradicción. Resulta cautivante el desafío de desentrañarla.
Dos dimensiones del fenómeno humano
Lo primero que se advierte en el mandato evangélico es la relocalización del resultado. No es que las consecuencias de la buena acción no importen. Por el contrario importan pero su hábitat no es intramundano: “tendrás un tesoro en el cielo”. Es un tesoro que no se ve. Se llega a él a través de la Fe de quienes creen. La consecuencia es celestial, invisible y diferida. No es que el mensaje evangélico desprecie la utilidad de la buena acción sino que la destrona de su sitial positivista del aquí y del ahora. Estamos ante una primera aproximación a lo del título: no se trata de dos recetas contradictorias en el campo de la economía política. Antes bien, estamos ante dos dimensiones del fenómeno humano sin punto de contacto en cuanto a su método, su propósito y el universo en el que habitan.
Caridad y prosperidad en cifras
Reubicándonos en el mundano universo de la economía política traemos el resultado de una investigación de Charities Aid Foundation (CAF) de junio/2026 que nos revela el peso de las causas benéficas en la economía mundial. En promedio, las personas donaron el 1 % de sus ingresos. Europa se sitúa por debajo del promedio: sólo el 0,6 %. Por otra parte si tomamos el interés del cervecero, el carnicero y el panadero como alegoría de la economía de mercado, debemos aceptar que el interés personal y legítimo y el afán de lucro propios del capitalismo de iniciativa privada sacó a 800 millones de almas de la pobreza extrema en las últimas 4 décadas como consecuencia del abandono de las formas colectivistas de producción en las grandes demografías del Asia (Solo China sacó a cerca de 800 millones de personas de la pobreza durante las últimas cuatro décadas, mientras India también registró avances significativos). Al adjudicarle al “bien” magnitudes cuantitativas, el proceso que señala Smith, en su terreno de juego (que no es el de la virtud mística sino el intramundano de la macroeconomía) gana la partida. Y los hombres haríamos bien en superar esa disociación de la que habla Ortega y Gasset entre nuestro humano y real comportamiento (lo que en realidad somos) y la concepción que tenemos de nosotros mismos.
Cuando se confunden los fines
Los números constatan nuestra conclusión: se trata de dos dimensiones humanas distintas, con métodos y propósitos que no deben confundirse. La caridad es una virtud individual que puede aliviar el sufrimiento del prójimo pero no cura todas las enfermedades, ni libera a todos los presos. Tampoco se propone acabar con la pobreza ya que la finalidad del donativo propuesto es obtener un tesoro en los cielos.
A veces por ingenuidad y otras por manipulación deliberada e ideológica de los valores cristianos se comienza por adjudicarle a la caridad cristiana una finalidad para la que no fue concebida. Al trocar la finalidad mística, evangélica extramundana de la perfección individual que atesora en los cielos el premio de la buena acción por otra consistente en acabar con el problema social de la pobreza, se confunden las dimensiones. A poco de dar este salto copernicano, se constata la insuficiencia de la caridad cristiana para lograr la erradicación total del mal social que provoca el sufrimiento humano (v.g.: la pobreza extrema). Voilà, nuestra conocida Teología de la Liberación que reclama repartir el tesoro recurriendo a la fuerza, aquí y ahora. La carencia cuantitativa de la caridad deberá superarse desde la imposición del poder político sobre la propiedad y la libertad individuales. Ya no estamos en el Evangelio sino en la revolución social.
De la caridad a la economía política
Quando dou comida aos pobres chamam-me de santo. Quando pregunto por que eles são pobres chamam-me de comunista.
Obispo Hélder Câmara.
La primera parte de la cita refiere a la caridad evangélica. En la segunda ya operó el giro orbital y sin solución de continuidad nuestro obispo desembarca en la economía política. La tentación de mutar la finalidad es enorme y, como dijimos, con frecuencia está dirigida desde la ideología. Esta confusión ha llevado a tantísimos cristianos a pretender tomar el cielo por asalto. Abandonan así las enseñanzas evangélicas, pero, lo que es peor, desde el punto de vista de la economía política erran el tiro al pretender conducirnos al falso paraíso del colectivismo en sus diversas modalidades, desde el comunismo ortodoxo del siglo XX hasta sus contemporáneas mutaciones del XXI. La resultante es un inmenso e inútil sacrificio humano.
- Juan Pedro Arocena es Contador, Escritor e Investigador de las influencias ideológicas en occidente en los siglos XIX, XX y XXI. Forma parte del plantel docente de la Academia de Altos Estudios de Legado a las Américas para el primer módulo «Historia y Filosofía de las Raíces Humanistas de Occidente» en 2025 y 2026. ↩︎
