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Izquierda y Derecha en la Era de los Algoritmos

Autor: Carlos Cantero.1

Carlos Cantero explora cómo las intuiciones morales, la polarización política y los algoritmos de las redes sociales están transformando la convivencia democrática en la era digital.

La diferenciación ideológica entre la Izquierda y la Derecha, no es una opción puramente racional, también es subjetividad e intuición, biología y psicología. En el mundo democrático los ciudadanos habitan universos valóricos distintos, que no se limitan solo a discrepancias políticas. Las personas interpretan los mismos hechos de manera muy distinta.

A modo de ejemplo, a finales del 2025, los chilenos acudieron a las urnas en una de las contiendas presidenciales más polarizadas desde el retorno del país a la democracia. José Antonio Kast, conservador, derrotó a Jeannette Jara, del Partido Comunista, por un amplio margen: 58% frente a 42%. La brecha entre ambos no era solo política; tuvo dimensiones culturales, morales, e incluso civilizatorias. Y, este no es un caso aislado.

Las raíces morales de la división política

Para analizar este tema en necesario abordar los planteamientos del psicólogo social estadounidense Jonathan Haidt, quien ofrece un marco de análisis útil. En su libro: La mente de los justos, argumenta que la ideología política no es una elección puramente racional. Está arraigada en la intuición moral y en la disposición emocional. Razonamos, pero a menudo solo después que nuestras emociones ya han elegido un bando. Identifica seis fundamentos morales: Cuidado, Libertad, Justicia, Lealtad, Autoridad y Santidad, con los que explica por qué la Izquierda y la Derecha ven el mundo de manera tan diferente:

  • La Izquierda: Tiende a enfatizar el cuidado, la libertad y la justicia. Su sensibilidad moral está alerta al sufrimiento y a la opresión. Ve la política como la tarea de proteger a los vulnerables y desafiar las estructuras de dominación.
  • La Derecha: También valora el cuidado, la libertad y la justicia, pero a menudo interpreta la justicia como proporcionalidad: las personas deben recibir según su esfuerzo y mérito. Otorga mayor peso a la lealtad, la autoridad y la santidad (vida, familia, símbolos, etc). Estos fundamentos explican el apego conservador a la tradición y a la continuidad institucional.

La Izquierda suele funcionar como el sistema de alarma de la sociedad. Escucha el clamor de los excluidos por las estructuras establecidas y presiona por reformas cuando las instituciones se vuelven rígidas o indiferentes. Sin embargo, puede subestimar el capital social, debilitando las comunidades y las tradiciones que mantienen unida a la sociedad.

La Derecha suele funcionar como el ancla de la sociedad. Nos recuerda que el orden es frágil y que la civilización no puede sobrevivir bajo una disrupción permanente. Sin embargo, puede volverse ciega ante las víctimas; su apego a la estabilidad le impide ver cómo los sistemas perpetúan la exclusión.

Una vida democrática saludable necesita de ambos impulsos: la urgencia moral para corregir la injusticia y la prudencia para preservar lo que permite a una comunidad perdurar. La tragedia de nuestro tiempo es que estos impulsos se niegan cada vez más a dialogar entre sí, por el contrario, promueven una creciente polarización.

Haidt también demuestra que los grupos políticos se mueven por historias:

  • El relato de la Izquierda: Suele ser una historia de liberación, en la que la sociedad avanza desde la opresión hacia la emancipación.
  • El relato de la Derecha: Suele ser una historia de orden. La sociedad y el sentido de comunidad es difícil de construir y fácil de perder y la tradición sirve como protección contra el caos y la tiranía.

Ambos relatos tienen verdades. Pero, también encierran peligros cuando se convierten en dogmas. La Izquierda puede llegar a ver cada tradición como una opresión; la Derecha puede llegar a ver cada reforma como un colapso. Cuando eso sucede, emerge la bestia que acecha en el alma humana, la política deja la búsqueda del bien común, se convierte en contienda de aniquilación, como tantas veces lo ha demostrado la historia para vergüenza de la sociedad.

Cuando los algoritmos intensifican la polarización

El mundo digital ha intensificado este conflicto. Un estudio histórico publicado en la revista Science en noviembre de 2025, ofrece la evidencia causal más clara hasta la fecha. Investigadores de Stanford, la Universidad de Washington y la de Northeastern crearon una extensión de navegador que reordenaba en tiempo real los feeds (muros) de los usuarios en X, utilizando un modelo de inteligencia artificial para ajustar la exposición a contenidos que expresaran hostilidad partidista. Los resultados fueron contundentes: reducir esa exposición disminuyó notablemente la animosidad política, y aumentarla empeoró las cosas. El estudio confirmó que los algoritmos no solo reflejan división, sino que la impulsan.

Esto es importante porque la antigua división entre Izquierda y Derecha se desarrolló en un mundo analógico. El desacuerdo político tenía un ritmo más pausado: imperfecto, pero con espacio para la reflexión. El mundo digital ha colapsado ese ritmo. La indignación viaja más rápido que los matices. Las plataformas premian la velocidad y la reacción emocional, no la reflexión paciente.

La metáfora de Haidt sobre el elefante y el jinete ayuda a explicar lo que está en juego. El elefante representa la intuición y la emoción; el jinete representa la razón. El elefante se mueve primero y el jinete, por lo general, justifica el movimiento después. En el mundo analógico, la razón tenía algo de tiempo para responder. En el mundo digital, el elefante es provocado constantemente, dejando a la razón luchando por justificar lo que la emoción ya ha aceptado. Lo que debilita en pensamiento y la reflexión (superficialidad).

Humanizar el desacuerdo otra vez

Por esta razón, el futuro de la democracia no puede depender únicamente de mejores leyes o de una mayor verificación de datos (fact-checking). Las sociedades necesitan límites éticos en la forma en que se diseñan las plataformas. El estudio de Science sugiere que tales límites son tanto posibles como consecuentes.

En la era de los algoritmos, la gran tarea es evitar esa polarización. El desafío más difícil es cultural: una práctica renovada de la moderación y del encuentro humano genuino. El biólogo chileno Humberto Maturana hablaba de la replicación del amor en la vida social, como la aceptación del otro como un legítimo otro. Esa idea es más urgente que nunca. La democracia no puede sobrevivir cuando cada bando trata de eliminar al otro, como enemigo irreconciliable. Es humanizar la dualidad, la complementaria armonía, redefinir lo humano, en busca de equilibrio ecuménico y consciencia superior.


  1. Carlos Cantero es académico chileno de la Universidad Internacional de La Rioja, en España, y autor de Sociedad Digital: Razón y Emoción. Conferencista internacional, asesor y consultor, centra su trabajo en la adaptabilidad en la sociedad digital, la ética, la innovación social y el desarrollo humano. Las opiniones expresadas en este comentario pertenecen exclusivamente al autor. Su comunicación dirigirla a: ciudadanocantero@gmail.com ↩︎

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