1776-1789
Autor: Juan Pedro Arocena.1
Juan Pedro Arocena contrapone dos tradiciones de la libertad nacidas de las revoluciones estadounidense y francesa, y reflexiona sobre sus distintas formas de entender el cambio político, las instituciones y la naturaleza humana.
“La historia universal es el progreso en la conciencia de la libertad, un progreso que debemos reconocer en su necesidad”
Georg Wilhelm Friedrich Hegel
El largo camino hacia la libertad
Más allá del historicismo tan propio de su autor y que la frase no disimula, lo sublime es descubrir ese largo camino hacia la libertad que la civilización humana comenzó a transitar varios siglos antes de nuestra era y que las grandes revoluciones liberales del siglo XVIII, con distinta suerte intentaron coronar. Ese largo proceso histórico encontró un hito decisivo en la Inglaterra de Juan 1º. (“sin Tierra”) con la sanción en 1215 de la Carta Magna, precoz intento de limitar el poder político. Algunos siglos después esa misma tierra alumbraría el primer reconocimiento de derechos (“Bill of Rights”) en la Revolución Gloriosa de la que la experiencia estadounidense heredó elementos centrales de esa tradición. La Declaración de Independencia de 1776 retoma una estructura argumentativa presente en la tradición inglesa de derechos. Donde el documento inglés enumera las violaciones de Jacobo II, Jefferson relata las de Jorge III. El mole es el mismo. En ella, además, se consolida el pensamiento liberal conservador. Liberal por sus principios, conservador en sus métodos en línea con la Ilustración escocesa (Hume, Smith, Ferguson). Mientras los principios liberales reconocen derechos, el método conservador no pretende rehacer la naturaleza humana sino trabajar con ella tal cual es, reconociendo la necesaria vigencia de los órdenes espontáneos y admitiendo sólo las puntuales correcciones que las circunstancias ameriten.
Dos tradiciones de la libertad
La Asamblea francesa de 1789 toma otro camino. Se trata de “dos tradiciones de la libertad” (Hayek); liberales ambas en sus principios pero contrapuestas en su metodología. Evolutiva y gradual (conservadora) la angloamericana y racionalista constructivista (radical) la francesa. Del universo de extremos que separan a estas tradiciones de la libertad interesa resaltar cómo ambas se posicionan ante el cambio de las estructuras que la revolución propone. Lo anterior porque la historia nítidamente nos muestra distintos resultados. Mientras la Independencia Americana logró ‘fundar’ la libertad en cimientos que, aun al precio de una guerra civil para saldar la deuda de la esclavitud, siguen vigentes hasta nuestros días, la francesa instaló el terror y una inestabilidad política en la que se sucedieron la dictadura, los imperios, la restauración absolutista y 5 repúblicas.
Evolución institucional o ingeniería social
El pensamiento conservador se posiciona ante la realidad acumulada por la experiencia humana con respeto y trata de combatir aquello que con el transcurso del tiempo se ha desnaturalizado. El pensamiento racionalista constructivista intenta cambiar la naturaleza humana a partir de una utopía que se presenta como verdad única y exclusiva y que impulsa a rediseñar la sociedad. Una verdadera “ingeniería social” se pone en marcha tras un pretendido orden social perfecto, armonioso, hacia el cual la humanidad está destinada a avanzar. El actor político transfigurado en mesías, busca combatir lo que su autopercepción de moralidad le hace ver como el lado oscuro de la naturaleza humana. Robespierre encarna mejor que nadie esta modalidad política. Su obsesión por quitar las máscaras que ocultan al verdadero ser y exponer el corazón humano tal cual es lo impulsa a combatir su esencia oscura y violentar su privacidad. Así, el individuo se ve arrastrado al espacio público exigiéndole pureza a un ser que nunca estuvo libre de pecado. La búsqueda de la pureza se vuelve cacería y ésta instala el terror (H. Arendt).
Cuando la libertad se transforma en su antítesis
Los intérpretes de la voluntad general (Rousseau) pretenden en su nombre rehacer la naturaleza humana. La ingeniería social en plena vigencia rompe con el liberalismo y de este modo, lo que comenzó como tradición de libertad toma el camino del totalitarismo, es decir su propia antítesis. La verdad única proviene de una logicidad ideológica que no admite prueba en contrario, volviéndose inmune ante la refutación de los hechos. Las expresiones más brutales de los peores totalitarismos del siglo XX se basan en este “rehacer” del alma humana. El nazismo y el comunismo sientan sus reales en esta ingeniería social que concibió colectivos (raza superior, clase social universal) predestinados, por supuestas leyes que rigen en la naturaleza o en la historia, a redimir el género humano.
La imposibilidad de diseñar el futuro
A pesar de que sus propuestas escribieron sus páginas más aberrantes y pocos son los que todavía las sostienen, la obsesión por diseñar la sociedad del futuro está presente en nuestros actores políticos y los consecuentes yerros (salvando las enormes distancias que los separan de Auschwitz y del Gulag) se suceden uno tras otro. Bastaría con advertir que hasta hace tan sólo unas décadas, nadie estaba capacitado para predecir una sociedad con internet, menos aún con inteligencia artificial. Ver la imagen de un familiar que habita en otro continente en tiempo real, era un objeto de magia en los cómics infantiles. Mal podemos diseñar el futuro si ni siquiera podemos anticipar lo que sabremos cuando se nos presente. Debería ser el momento de voltear la mirada hacia la otra tradición liberal que este año festeja su 250 aniversario en un apogeo que no muestra signos de declinación y que se fraguó en el respeto de los órdenes espontáneos, el derecho consuetudinario y en la consolidación del edificio social no desde el diseño político sino a partir de la mismísima realidad humana.
- Juan Pedro Arocena es Contador, Escritor e Investigador de las influencias ideológicas en occidente en los siglos XIX, XX y XXI. Forma parte del plantel docente de la Academia de Altos Estudios de Legado a las Américas para el primer módulo «Historia y Filosofía de las Raíces Humanistas de Occidente» en 2025 y 2026. ↩︎
